El Club Montelar ha acogido el coloquio “Hacía mi vida normal, y ahora soy un refugiado”. Manuel Tuero, en nombre de la Junta de Padres que dirige la asociación, presentó a Mar Garrido, directora de Proyectos y Estudios de la Fundación Desarrollo y Asistencia, y a Rosa Barchein, española de ascendencia siria.

¿Cómo son las personas de Siria? ¿Qué les ha llevado a salir de su tierra?

El padre de Rosa, afincado en España desde su juventud, tiene siete hermanos. Seis de ellos vivían en Homs. Todos, con sus mujeres e hijos, fueron expulsados.

Rosa recuerda muy bien la fecha.

Era la Pascua de 2011, en el calendario ortodoxo; la fiesta más grande del año.Esperábamos recibir, como siempre, sus noticias y sus fotografías. Pero no llegaron.Cuando entran a tu casa y te apuntan con un rifle, no te da tiempo a hacer las maletas ni a pensar qué llevas contigo. A mis tíos les dijeron: tenéis 10 minutos para salir; no cojáis nada de valor; si lo intentáis, os mataremos.

Un primo suyo fue caminando hasta coger un ferry que le llevó a Estocolmo. Otro está en Alemania. Son “refugiados”. Pero la mayoría de su familia no ha querido abandonar Siria.

Mar Garrido hablando al público

Se han instalado en el único lugar donde nadie irá a buscarlos: el norte, donde el frío hace imposible cualquier tipo de cosecha. ¿De qué viven? De lo que pueden traer de Damasco, en momentos de relativa paz. Son ingenieros o médicos, pero allí trabajan como taxistas. Y emprenden el camino de vuelta, pues ya no se le puede llamar “carretera”; por supuesto, antes de que caiga el sol. Aquel lugar se llama Wadi Al-Nassara (Valle de los cristianos), porque allí se refugió San Pablo, huyendo precisamente de Damasco, hace 21 siglos. Se repite la historia. Si alguien consigue un día cinco kilos de trigo, no piensa: yo y mi familia tenemos para comer durante dos semanas. Los reparte entre la comunidad, y así todos pueden comer ese día. Quizás mañana sea otro el que pueda aportar. Ellos son “desplazados”.

Otro de sus tíos fue asesinado, delante de su mujer y sus hijos, por no renegar de su fe.

Un traje de novia

Antes de convertirse en desplazados, su vida era tan normal como la tuya o la mía, afirma Rosa Barchein. Y después, aunque no sea igual, esa vida sigue. Rosa cuenta que su prima se casó hace unos meses. Su traje de novia habría supuesto un desafío para el mejor de los diseñadores. Para ella, la falta de glamour no fue ningún impedimento.

¿Por qué no quieren irse de Siria? Responde Rosa:

Porque es su tierra. Porque piensan que, si no quedan cristianos, ¿quién va a rezar? No quieren dejar su país a los musulmanes. Aunque no hay enemistad u odio entre ellos. Antes de la guerra, musulmanes, cristianos y judíos convivían en paz. Mi abuelo tenía un vecino musulmán; era con quien salía a tomar su café y a jugar a las cartas. Los extremismos que se están viviendo en el país no son sirios.

Después de la experiencia traumática que han vivido, lo que más agradecen son cosas cotidianas; es decir, llevar una vida normal, como la que tenían antes. Algo tan sencillo como charlar tomando un café en un bar, o dar un paseo y sacar unas fotos, un hobby que tenían olvidado
Mar Garrido

Pensar en cada persona

Mar empezó su intervención dando una idea clave: Pensar en cada persona ayuda mucho a orientar nuestras opiniones y nuestras acciones. Después explicó el proyecto que están llevando a cabo en su ONG, a propuesta de Rescate Internacional, especializada en trabajar con desplazados y refugiados en los cinco continentes. La iniciativa, pionera en España, conjuga la experiencia de ambas instituciones. Tras una selección de los perfiles más adecuados entre los voluntarios de Desarrollo y Asistencia (con edades afines a la de cada destinatario, dominio de idiomas y buena dosis de fortaleza emocional), se pone en marcha un acompañamiento semanal, en el que los refugiados se van incorporando en la sociedad madrileña, gracias a pequeñas dosis de “vida normal”, en formato “de tú a tú”.

Después de la experiencia traumática que han vivido, lo que más agradecen son cosas cotidianas; es decir, llevar una vida normal, como la que tenían antes. Algo tan sencillo como charlar tomando un café en un bar, o dar un paseo y sacar unas fotos, un hobby que tenían olvidado, explica Mar Garrido. Hasta ahora, se han acogido a este programa personas del Este de Europa, por ejemplo, de Ucrania, África Subsahariana o América Latina. Ahora el protagonismo es de los sirios.

¿Cómo colaborar?

Ante la pregunta de cómo colaborar, Mar Garrido afirmó que lo mejor es apoyar económicamente a quienes ya están trabajando. Cada uno debe informarse y decidir en qué ONG quiere confiar. También se puede plantear en colaborar como voluntario en algún servicio de apoyo a dichos refugiados o en el voluntariado de acompañamiento. Pero, sobre todo, es importante que se haga una reflexión y opción personal ante estas realidades, que no son ajenas a nadie.

¿Y la solución al problema de los refugiados? Pasa por no quedarse en respuestas de emergencia, sino asumir unas políticas a largo plazo, que los Estados no parecen asumir, aseguró Mar Garrido. Ese aspecto del coloquio quedó ya para el próximo encuentro.

Belén Huertas.